jueves, 21 de abril de 2016

NUTRICION

LACTANCIA Y OBESIDAD 

Ciertamente, la madre es el único animal que se deja “comer vivo”. Da todo para garantizar la supervivencia del bebé. Que un adulto llegue a ser sano depende de la lactancia y del estado nutricional de su madre. 

En la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, de San Miguel de Tucumán, (UNSTA), un grupo de científicos estudiaron la influencia del estado alimenticio de una mujer durante el embarazo y durante la etapa de lactancia. 

La desnutrición puede predisponer a obesidad o enfermedades crónicas en la etapa adulta del recién nacido. 

El estudio realizado por las investigadoras Paola Gauffin Cano, Analía Medina, Mirta Asunción Medina de Cáceres y Silvia del Valle Saad de Schoos, consistió en la recolección de muestras de leche materna en diferentes etapas de la lactación (calostro- primera secreción mamaria después del parto- y leche madura). 
Además tuvieron en cuenta la determinación de parámetros nutricionales y bioquímicos de las madres y los neonatos, y en establecer una relación entre los niveles de una hormona, (la leptina de la leche),  y el estado nutricional de las mujeres dadoras. 

El trabajo realizado tiene el fin de corroborar que si no se regula la cantidad y calidad de los alimentos ingeridos, tanto en la vida prenatal como postnatal, se predispone al desarrollo de procesos metabólicos y hormonales que persisten a lo largo de la vida y que se relacionan con el desarrollo de enfermedades crónico-degenerativas (obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, etcétera). 


Todos escuchamos alguna vez, que la materia y la energía están íntimamente relacionadas. 
El metabolismo es la totalidad de las reacciones químicas de transformación de materia en energía. 

Este proceso comprende dos etapas: el anabolismo, etapa de construcción o producción, donde una molécula pequeña se transforma en una compleja macromolécula. Por ejemplo, es lo que hacen los vegetales formando una molécula de reserva como el almidón a partir de una pequeña molécula de glucosa. 

Y el catabolismo, etapa de degradación o destrucción, donde inversamente al proceso anterior, se degrada una molécula grande, por ejemplo un azúcar para convertirse en glucosa, que es lo que usa la célula para obtener energía. 

La  dieta previa, ocurrida durante la gestación (es la composición de los ácidos grasos del tejido adiposo -o tejido graso-, acumulado durante el embarazo), y la dieta durante el amamantamiento, resultan fundamentales  para la composición de ácidos grasos de los triglicéridos de la leche. 

Los triglicéridos tienen mala prensa ya que en exceso son perjudiciales para el correcto funcionamiento del organismo, pero resultan fundamentales en la formación de membranas celulares, en almacenar energía (como materiales de reserva calórica), en protección de diferentes partes del cuerpo, en la formación del sistema nervioso, en la formación de vitaminas, hormonas y pigmentos (como el caroteno que lo encontramos en zanahorias y constituye la vitamina A). 


Entre los factores que se modifican en la leche materna, según sea el grado de nutrición de las madres dadoras, se encuentra la leptina, que es una hormona sintetizada por el tejido adiposo (graso). 

La leptina cumple funciones pleiotrópicas en el organismo, es decir, aquellas funciones en las que interviene un gen responsable de caracteres fenotípicos- que constituyen las características visibles del individuo-, distintos y no relacionados. 

Sin embargo, regular el gasto energético es una de las principales funciones conocidas. 

Esto explica por qué distintos niveles de leptina en la dieta materna, genera diferencias en las características de los humanos y de hábitos alimentarios en niños durante la lactancia y a largo plazo. 

Los investigadores determinaron parámetros bioquímicos en las muestras de leche materna tales como glucosa, colesterol, triglicéridos, leptina y composición de ácidos grasos y los relacionaron con los datos antropométricos de la madre y el neonato. 

Las muestras fueron donadas por el Instituto Maternidad “Nuestra Señora de la Merced”, de la provincia de San Miguel de Tucumán. 


Los  resultados, mencionan que los niveles de leptina se correlacionaron en forma positiva con el estado nutricional de la madre (Índice de Masa Corporal, IMC). 

Además, observaron una relación directa entre el porcentaje de ácidos grasos saturados en el calostro, tanto con el IMC o los niveles de leptina. 
Mientras que la relación es indirecta con el porcentaje de ácidos grasos mono y poliinsaturados, (siendo éstos, los de mejor calidad, ya que pueden degradarse más fácilmente generando energía inmediata, y evitando su agregación en sangre con la consecuente formación de grasa acumulada). 

Como conclusión, se destaca la importancia de la dieta de la madre en el embarazo y la lactancia.  Alteraciones en los niveles de sus componentes bioactivos podrían afectar el metabolismo a corto y largo plazo. 

Las madres bien alimentadas producen cantidades moderadas de leptina. Esta hormona provee al nuevo ser de protección contra la ganancia excesiva de peso, cuyo efecto que podría permanecer en la edad adulta. 

Se ha sugerido que la hipoleptinemia (presente en la desnutrición) en el período de lactancia, es crucial para el desarrollo del infante. Podría predisponer a la obesidad futura como resultado de anormalidades estructurales en los circuitos cerebrales que regulan los valores energéticos. 

UNSTA- Marzo de 2016

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