
Mejorar la industria alimenticia es una tarea laboriosa, que no tiene fin.

Las enzimas colaboran en la elaboración y resultado final de nuevos alimentos.
Investigadores de la facultad de la Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), realizan expediciones a la Antártida.


Cuenta además, con la colaboración del laboratorio de Biotecnología de la cátedra de Microbiología de la Universidad de la República, de Montevideo (Uruguay), equipo conformado por Silvana Vero y Gabriela Garmendia. La campaña contó con el financiamiento y la logística del Instituto Antártico Uruguayo.

Por medio de la biotecnología, los investigadores se ocupan de la búsqueda de microorganismos que puedan producir enzimas novedosas, desde el punto de vista de su actividad o de su capacidad de resistir condiciones de trabajo específicas.
Este trabajo, que lleva algunos años, se realiza en zonas donde las condiciones de vida son muy extremas: mucho frío (regiones antárticas), mucho calor (zonas termales), altas presiones (fosas marinas), alta exposición a la luz UV (la Puna) o de mucha acidez (regiones volcánicas).
La idea es encontrar microorganismos que viven en condiciones extremas, suponiendo que sus enzimas funcionarán también de forma eficiente, en esas condiciones.
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Fin de la Campaña 2014 |
En 2014, los investigadores de la UNLP, recogieron muestras en la Antártida y lograron seleccionar una levadura con la capacidad de producir enzimas que hacen posible la clarificación del jugo de manzana en pocas horas, logrando un producto final de color homogéneo.




Algunas enzimas se utilizan en la industria para fines tan diversos como tiernizar carnes, clarificar jugos, producir edulcorantes o como aditivos de los detergentes para lavar la ropa. Las enzimas y demás proteínas que sintetizan estos microorganismos, son funcionales en condiciones de muy baja temperatura, y muestran características únicas. Poseen “una termoestabilidad elevada y son resistentes a agentes desnaturalizantes tales como detergentes, solventes orgánicos y a pH extremos”, detalló el bioquímico.
La doctora Ivana Cavello, integrante de la dotación científica que viajó en la última campaña, remarcó que “sumado a estas atractivas particularidades, la posibilidad de producirlas, cultivando los microorganismos a temperaturas cercanas al ambiente, genera una importante disminución en los costos, ya que no hay que calentar los cultivos para mantener la temperatura en los 30-37ºC típicos de los microorganismos mesófilos”.
La expedición, que estuvo presente en la Antártida durante la campaña Antarkos XXXII, en abril y mayo de este año, logró tomar muestras en lugares donde no había sido posible hacerlo en viajes anteriores.
En esta campaña se accedió a las zonas ASPA (Antarctic Specially Protected Areas) 125. Las zonas ASPA son muy interesantes para la toma de muestras con fines biotecnológicos, y también uno de los lugares de la Antártida de mayor interés paleontológico. Otra parte de la expedición se encargó de este tema.
Los investigadores se concentran ahora en aislar todos los microorganismos que sean posibles (bacterias y levaduras) para identificarlos y caracterizarlos por sus “pooles” enzimáticos.
De ahora en adelante, se profundizará el estudio de los microorganismos de interés que sean más eficientes, para evaluar la producción de las enzimas industriales más convenientes a los fines propuestos.
UNLP -Facultad de Ciencias Exactas- Octubre de 2016
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