

Los ríos y su geografía enamoran a las personas que por allí pasan.
Pero no es sólo eso...
Desde la Universidad Nacional de Misiones (UNAM), en la Facultad de Artes, un equipo de investigadores y estudiantes de la carrera Diseño Industrial, trabaja junto a productoras y artesanas de lanas. Buscan revalorizar el oficio convirtiéndolo en sustentable. Tiene como fin producir bienes sociales para fortalecer la identidad productiva.
Asimismo, desde la misma casa de altos estudios, usan residuos foresto-industriales y especies alternativas, como la moringa, para obtener nanofibras que mejoran los productos en la escala industrial.

En la región se produce una lana gruesa, proveniente del ganado lanar de raza criolla. La cría de este ganado tiene como fin el consumo de la carne. La lana obtenida es un subproducto que debe transformarse para poder comercializarlo en el mercado.

Javier Balcaza, es diseñador industrial y director del proyecto. Explicó el aporte de la universidad a los sectores productivos de la Provincia: “La Universidad debe tomar una postura crítica ante los procesos económicos que transforman el territorio, no sólo incorporando graduados con un perfil altamente profesionalizante, sino que es necesario desde la investigación, la extensión y la transferencia que se realiza en las facultades, buscar un profesional que en su práctica cuestione el enfoque reduccionista representado por el dualismo económico o los imperativos del mercado y tome decisiones a partir de su compromiso con el contexto social inmediato”.



Además mejora las condiciones productivas y laborales. Hace eficiente los recursos de fuerzas de trabajo, agua y energía.

El proyecto resultó ganador del Concurso Nacional de Innovaciones INNOVAR 2014.
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Pinus taeda |
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Moringa |
Los especialistas destacan que las nanofibras son completamente biodegradables.
Su origen es orgánico y se obtiene a partir de recursos naturales abundantes en la región.

Los usos de la nanocelulosa son múltiples y van desde la fabricación de materiales para automóviles, hasta insumos médicos.
Estos recursos podrán ser empleados en la fabricación de papel, de manera que se aumente su resistencia y genere procesos más amigables con el ambiente.
Los trabajos que se realizan en el nordeste del país apuntan particularmente al papel.
“Estudiamos la potencialidad de las nanofibras para reforzar papeles, particularmente los marrones que se utilizan para embalaje, que son los que representan el mayor volumen de producción de la industria papelera”, explicó la responsable del Programa de Celulosa y Papel (PROCYP), María Cristina Area.
El desarrollo de nanofibras de celulosa en Misiones comenzó hace tres años, con estudios basados en materiales como el aserrín de eucaliptos y el bagazo de la caña de azúcar.
De allí en más, se iniciaron distintas líneas de estudio. Buscan identificar la potencialidad de las especies y las diferentes aplicaciones de las mismas.
"Una de las fortalezas de estas nanofibras es que, a diferencia de otras nanopartículas en base a carbón que también se estudian, son completamente biodegradables. Son de origen orgánico y se obtienen a partir de recursos naturales abundantes en esa región, por lo que su potencialidad es enorme”, destacó la investigadora adjunta del Conicet en el IMAM, María Evangelina Vallejos.
Los frutos del árbol de moringa, se usan para la producción de aceite, mientras que las hojas se secan y se exportan a países europeos, donde son reconocidas sus propiedades medicinales.
Pese a que tiene un crecimiento muy rápido, la madera no puede ser aprovechada para la fabricación de papel por su baja densidad, pero sí es útil para la obtención de nanocelulosa.
En los primeros ensayos, que ya fueron publicados en revistas científicas y expuestos en congresos internacionales por la becaria doctoral Julieta Benítez, compararon las nanofibras de moringa con las obtenidas a partir de aserrín de eucalipto, y verificaron que las propiedades son similares.
“Un factor interesante es que para obtener las nanofibras de moringa se utiliza menos energía, lo que abarata el costo de producción. La idea final es que esta propiedad que probamos permita que la moringa se convierta en un cultivo alternativo de rotación en la región”, explica Area.
Los materiales de origen en la obtención de nanocelulosa son sometidos a procesos químicos y mecánicos, que permiten desestructurar las fibras y llegar a la escala nanométrica, un nivel imperceptible a simple vista, que equivale a la mil millonésima parte de un metro.
El resultado es un hidrogel, que contiene las nanofibras.
También se busca obtener el hidrogel a partir de aserrín de pino.
En los ensayos del trabajo, que está a cargo de la becaria doctoral Nanci Ehman, tratan de identificar si se obtiene mayor refuerzo al incorporar las nanofibras a la preparación de la pulpa, o aplicándolas en forma superficial sobre el papel.
El uso de residuos como materia prima y la disminución en el consumo de energía para su fabricación convierten a la nanocelulosa en un recurso fundamental para aumentar la sustentabilidad del proceso de producción de papel.

“El objetivo final es brindar otra herramienta para completar el círculo de la biorrefinería a pequeña escala y permitir conformar pymes que, en base a una materia prima barata como es el aserrín, puedan fabricar las nanofibras y venderlas a las empresas que fabrican papel. Eso permite no sólo sumar valor agregado, sino también atender la cuestión ambiental, aprovechar al máximo los recursos naturales y minimizar la generación de desechos”, concluye Area.
UNAM - Facultad de Artes- Facultad de Ciencias Quimicas y Naturales- Enero y Febrero de 2017
gracias por tan buen aporte
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