jueves, 18 de febrero de 2016

BIOMATERIALES

REGENERACION OSEA 


Haber perdido parte de hueso por situaciones indeseables, ya sean accidentes, o quirúrgicas, (por tumores, quistes o anomalías óseas), ahora pueden repararse gracias a este desarrollo nacional.

En la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), un grupo de investigadoras de la Facultad de Odontología trabajan en el diseño de una membrana que estimula a las células y produce la formación de tejido óseo en pocas semanas. 


Liliana Missana y María Victoria Jammal (docentes de la Universidad) idearon un biomaterial accesible desde lo económico. 

Buscan regenerar hueso partiendo de una proteína recombinante humana (rh), la paratohormona, junto a otra proteína, el colágeno, muy abundante en huesos y piel. 

Con ambas sustancias se forma una membrana maleable que puede direccionarse a los fines que el profesional considere conveniente. 

Missana explicó que se coloca el material con una proteína como estimulante en un armazón, que es el colágeno. “El cuerpo lo acepta, lo coloniza y las mismas células del paciente migran desde los bordes de los tejidos sobre él, estimulados por la proteína recombinante humana y así se genera el hueso con la forma que el profesional desee darle”, puntualizó. 

La regeneración ósea se vuelve fundamental también en casos de reabsorción ósea, producto de pérdida de dientes. 

En todos los casos, la necesidad de volver a contar con el hueso íntegro se vuelve fundamental. Es necesario para devolverle la estructura y funcionalidad a la parte afectada del cuerpo. 


El hueso puede regenerase entre 5 y 8 mm, con alternativas costosas y complejas. Para extensiones mayores a 8 mm, puede usarse hueso del mismo paciente, huesos procesados del banco de huesos (de personas fallecidas) y huesos animales. 

La línea de investigación está en trámite de registro en el Instituto Nacional de Patentamiento Industrial (INPI) y está inscripto con el nombre de Regebone (“rege” de regenerar y “bone” de hueso en inglés). El equipo se completa con la colaboración de Jorge Juárez (tesista), Nina Pastorino (odontóloga), María Lilia Romano (técnica) y Viviana Schemberger (odontóloga).  

Missana comentó que “una de las exigencias de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) para aprobar el biomaterial es que se realicen pruebas tanto en animales pequeños como medianos”. 

El equipo ya realizó pruebas exitosas en la cabeza (calota) de ratas y en un período de seis semanas consiguió regenerar el 57% del hueso faltante a partir de la aplicación del biomaterial de colágeno y la rhPTH (Recombinante Humana Paratohormona). 

Resta realizar pruebas con animales medianos y por ese motivo, los investigadores de la UNT firmaron un convenio de cooperación con profesionales de la Universidad Nacional de Rosario, quienes proveerán de criaderos de conejos para la siguiente etapa. 

“Estamos en conversaciones con el Sistema Provincial de Salud de la Provincia (SIPROSA) para que se realice un relevamiento en los servicios de odontología y traumatología de los pacientes que requieren hueso”, agregó la científica. El gran aporte del biomaterial es que “es de industria nacional, por lo tanto los costos para producirlo son menores con la idea de que sea más accesible para la gente en lo económico. Esto es importante teniendo en cuenta que la mayoría de los materiales de relleno óseo que se usan en nuestro país son importados” señaló  Victoria Jammal , y agregó que “fue elaborado en el Laboratorio de Patología Experimental de la Facultad de Odontología de la UNT”. 

Jammal suma otra de las ventajas del biomaterial, “es maleable, adaptable a cualquier defecto óseo, de fácil manipulación y que se conserva a temperatura ambiente. También el hecho de ser “ecoamigable” ya que no genera efectos negativos en el ambiente”. 


La investigación asocia técnicas de la ingeniería molecular con la ingeniería de tejidos. Missana describió “que se valen de la mezcla de la proteína recombinante humana (rh), llamada así porque es externa al cuerpo, con un biomaterial (el colágeno) para diseñar un armazón. El armazón se coloca en la zona donde hay ausencia de hueso para estimular su crecimiento”. 


Precisó que “la Paratohormona, que está presente en todos los seres vivos y se libera según las necesidades del cuerpo, normalmente está asociada a la reabsorción, no a la neo formación. Entonces, el aporte más importante de la investigación es que, colocada en una membrana y liberada en forma intermitente, estimula a las células y a la neo formación ósea”. 



La doctora Missana estimó que con la nueva técnica “los pacientes podrán recibir implantes bucales cuando tengan el hueso para recibirlos. Conseguirán hablar y comer mucho mejor luego de una cirugía reparadora por un cáncer óseo bucal, es decir, les devolveremos la calidad de vida”, sintetizó. 

Missana se desempeña hace 25 años en el área de la ingeniería de tejidos. Cuando realizó su tesis doctoral en la Universidad Nacional de Okayama (Japón) trabajó con una proteína morfogenética ósea que combinó con distintos vehículos y uno de esos fue el colágeno, con el cual obtuvo los mejores resultados. 
En Japón la técnica está patentada y se usa para múltiples tratamientos. 


Al volver a la Argentina, creó un equipo de investigación que desde hace siete años se concentró en la rhPTH (recombinante Humana Paratohormona) que se presentaba recientemente en el mercado. El desafío a vencer por su equipo de investigación es producir un tejido en condiciones de laboratorio y que después sea aceptado por el organismo. 

Universidad Nacional de Tucumán-Facultad de Odontología-Noviembre de 2015

jueves, 11 de febrero de 2016

INTERCONEXIONES

¿NOS CREEMOS INVISIBLES?



En este mundo informatizado se infravalora la información que se produce en teléfonos e internet. 

Y cómo nos afecta sin darnos cuenta. 


Gerardo Simari es investigador asistente del CONICET y trabaja en el Instituto de Ciencias e Ingeniería de la Computación (ICIC, CONICET-UNS). 

Simari reflexiona sobre las prácticas vinculadas con  Internet, las telefonías móviles, y demás recursos tecnológicos que están actualmente incorporados, y cómo el desconocimiento de su funcionamiento vuelve vulnerables a los usuarios, a niveles impensados. 


“Cuando cualquiera de nosotros activamos el GPS en el celular…, revisamos los mails desde el mismo dispositivo…, nos registramos en las redes sociales, subimos fotos y expresamos nuestra opinión política en Facebook y Twitter…, acudimos al banco para sacar tarjetas de crédito en donde dejamos nuestros datos…, y luego compramos en supermercados donde nos ofrecen una tarjeta de puntos que almacenará en qué gastamos el sueldo, qué consumimos, qué comemos y cuáles son nuestros gustos…, cabría preguntarse ¿Qué pasa con todos estos datos? ¿Para qué, por ejemplo, Angry Birds pediría tener acceso al GPS? ¿Por qué Facebook solicita que se incluya la localización?”, indica el investigador. 

Simari relata: “En 2009 Malte Spitz, miembro del Partido Verde Alemán, pidió a su compañía de teléfono que le mandara los datos que tenían sobre él. Algunas demandas más tarde Malte recibió un CD con un Excel de treinta mil líneas (como “Guerra y Paz” de Tolstoi, con casi 1900 páginas, pero multiplicado por tres). El documento sólo comprendía seis meses de información que fueron entregados por él a una agencia de visualización de datos, los cuales sumados a la información obtenida de las distintas redes sociales y blogs de libre acceso pudieron conformar un mapa virtual, algo así como un diario de la vida de este funcionario. En él se puede ver cuándo Malte viajó en avión, con quién se comunicó, quién lo llamó, cuánto tiempo duró esa conversación, cuándo comió o durmió, quién le mandó mensajes y qué decían esos textos”. 


Malte, como casi todas las personas de esta era, tiene en su bolsillo un celular que cada cinco minutos hace “ping” a la antena más cercana y le pregunta: “¿Hay algún WhatsApp para mi?” “¿tengo algún correo?”. El teléfono, desde la comodidad de un pantalón o una mochila, todo el tiempo está diciendo “estoy acá”, “ahora estoy allá” o “ahora me vine más acá”.  

“Los celulares son esencialmente dispositivos de radio como los handys o los que usan los taxis para comunicarse con la central, y lo que hacen es conectarse con la antena más cercana, por lo que las empresas de teléfono saben qué celular está conectado a qué antena, y esos datos quedan almacenados en una base”, detalla el investigador. 

Simari hace una introducción al mundo de datos actual. Narra que el acceso a Internet es cada vez más común en la población de países con diferentes grados de desarrollo. Se estima que un 40 por ciento de la población mundial tiene acceso, mientras que en 1995 era sólo el 1 por ciento. 

Desde otra parte está el fenómeno de “la nube” (the cloud, en inglés), posibilitado gracias a lo  anterior y también al desarrollo de tecnología inalámbrica. Haciéndose extensivo a la mayoría de los usuarios con Gmail (y otros servicios menos populares de correo pero con grandes números de usuarios), documentos en línea (Google Docs, ahora Google Drive) o Dropbox (para compartir documentos y accederlos desde cualquier dispositivo), entre muchos otros. 


Además el aspecto social estalló primero con Facebook y Twitter, y luego con otros servicios que permiten conectarse con otras personas para compartir contenidos. 

El desarrollo y abaratamiento constante de celulares con gran capacidad de procesamiento y almacenamiento, permitió que todo esto sea más accesible. La realidad muestra que las personas están constantemente acumulando datos.


“No nos damos cuenta de la cantidad de información que producimos ni del valor que tiene. Los servicios que usamos todos los días no son nada gratuitos sino que estamos pagándolos con los datos que entregamos para usarlos. Para darnos una idea de esto basta recordar que WhatsApp fue comprada por Facebook hace un tiempo por alrededor de 16 mil millones de dólares, cifra que se asemeja al PBI de muchos países pequeños y que equivale a mas de 30 mil dólares por hora durante un año entero”, detalla el investigador. 


Existió información almacenada que posteriormente sirvió para atentar contra la privacidad y la vida de las personas. Por ejemplo, en Holanda a principios del siglo XX, se hizo un censo de religiones para determinar cuánto dinero debían darle a cada comunidad, a cada iglesia, o sinagoga. Cuando llegaron los nazis accedieron a esa información y solo el 10 por ciento de los judíos holandeses sobrevivió a la segunda Guerra Mundial. 

Otro caso digno de mencionar se dio cuando el gobierno de Ucrania mandó un mensaje de texto a unos manifestantes que decía lo siguiente: “ha sido usted registrado como participe de una manifestación ilegal masiva”. “Seguramente, esto lo supieron porque cada teléfono en la plaza profería esa información”, explica Simari. 


Cada vez que abrimos el navegador para comenzar la búsqueda de algo que queremos comprar…, o consultar por lugares y alojamientos vacacionales…, vemos con sorpresa que al ingresar en nuestra casilla de mail, a los costados de la página aparecen numerosas publicidades alusivas. 


Simari explica que las páginas guardan “cookies”. Es decir, “pequeñas porciones de datos que almacenan los navegadores, que además de ser útiles para guardar el idioma en el que se navega y personalizar la experiencia del usuario, pueden ser accedidos por servidores de publicidad para decidir qué mostrar. Hay formas de configurar los navegadores para  evitar esta explotación de los datos personales, pero la gran mayoría de las personas poco conocen de ello o no están dispuestas a aprender a usarlas”. 



Cuando, aburridos, instalamos la aplicación Angry Birds se nos pide el libre acceso al GPS. Simari explica que esto puede ser requerido para usos inocentes como avisar cuando hay amigos cerca o mostrar puntajes máximos por ciudad, por ejemplo, como así también para fines netamente comerciales como vender los registros de ubicación a compañías que se dedican a aglomerar información para obtener un perfil y después bombardear el usuario con publicidad específica. 

Aunque un ciudadano no sea una personalidad destacada, cada perfil esta ahí esperando por ser visto. 

Nadie puede saber cuándo le cambia la suerte y se convierte de repente en alguien famoso. 

El problema no son las empresas que son malas guardando datos, no son los gobernantes que puedan aprovecharse de ello, el problema es que esa información vuelve a las personas vulnerables de una manera impredecible. 

De momento vivimos sin tener conciencia de ello. 

Vivimos a la vista de todos, sin notarlo, como en casas de cristal. 




J. Naser- CONICET- nov. 2015 

 

jueves, 4 de febrero de 2016

DESERTIFICACION

CUSTODIANDO EL SUELO 


La desertificación de tierras en la República Argentina es una problemática que afecta a 42 millones de personas. 




Desde su creación en 2011 el Observatorio Nacional de la Degradación de Tierras y Desertificación (ONDTyD) monitorea y trata de mitigar este riesgo de degradación de las tierras. 

El observatorio provee información relativa al estado en que se encuentra el territorio con el fin de prevenir, y mitigar riesgos. 

Estos datos son usados por los tomadores de decisiones públicas y privadas de la Argentina para concientizar e informar a la sociedad en general. 

Utilizan un sistema de indicadores que permiten el monitoreo en tiempo y espacio,  mapas interactivos con un repositorio de datos geo espaciales en línea y Sitios Piloto en diferentes ecosistemas del país. 
Sitio Piloto Centro-oeste

En los Sitios Piloto se estudia detalladamente  los procesos vinculados a la temática y se generan datos a nivel local que permitan la extrapolación a nivel regional. 

Es una plataforma de intercambio de información actual, registro histórico, bibliográfica, ideas y experiencias relacionadas a la temática. 
Sitio Piloto La Rioja
Está diseñada para tener la capacidad de convertirse en una herramienta de gestión participativa y espacio de encuentro entre las administraciones públicas, las universidades, centros técnicos-científicos y el conjunto de la sociedad en todo aquello relacionado con la degradación de tierras y desertificación en Argentina.  


Sitio Piloto Patagonia
“Según diversos estudios, el 70 por ciento del país está formado por tierras secas. La erosión avanza a razón de 650 mil hectáreas por año” indica  Elena María Abraham, investigadora independiente del
Sitio Piloto San Luis
Consejo en el Instituto Argentino de Investigación de las Zonas Áridas (IADIZA, CONICET-UNCUYO), al hablar sobre el Observatorio, un proyecto que resultó de una iniciativa conjunta entre el sector científico-tecnológico, el CONICET, la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable (SAyDS), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). 


Pero ¿qué se entiende por desertificación? 

La investigadora detalla: “es la degradación de las tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas, resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas”. 

Es así que el ONDTyD genera y sistematiza información relacionada con esta problemática en forma de indicadores que permiten el monitoreo en tiempo y espacio.


Ante los indicadores ambientales, que alertan acerca de las condiciones del ambiente, es necesario contar con un sistema de monitoreo que sirva para revisar, diseñar, conducir estrategias, y establecer prioridades de políticas de corto, mediano y largo plazo. 

Según Abraham “era necesario un marco nacional para vigilar la degradación de tierras y la desertificación, para mantener el enfoque de sustentabilidad de los territorios que nos proporcionan alimentos, bienes y servicios. Realizar una mejor planeación para actuar de forma oportuna y efectiva ante los efectos que pongan en riesgo a las poblaciones, a los sistemas de producción y a los ecosistemas más vulnerables”. 

El sistema se sustenta en el conocimiento y participación de los miembros de la red del ONDTyD, que  actualmente cuenta con más de 200 profesionales del sector científico-tecnológico y político, en todo el país. 


Patagonia- I.Jacobacci-INTA
Diferentes esfuerzos se vienen realizando a escala mundial, nacional y regional para conocer la extensión, tendencia y costo de la degradación/ desertificación de las tierras. Entre ellos, el proyecto Evaluación de la Degradación de Tierras en Zonas Áridas (LADA, por sus siglas en inglés) -que finalizó en 2011- sentó las bases para un sistema nacional de monitoreo en Argentina. 

“Justamente para dar continuidad a este proyecto es que surge la creación del ONDTyD en septiembre del año 2011, y, para lograr los objetivos planteados, se implementó el Sistema Nacional de Monitoreo y Evaluación de la Degradación de Tierras, Desertificación y el Manejo Sustentable en el año 2013”, narra Abraham. 

Para más datos  http://www.desertificacion.gob.ar/

CONICET- 23-11-2015

jueves, 28 de enero de 2016

MICROALGAS

EL PODER DE LO SIMPLE 

Estos organismos primitivos, pueden convertirse en eslabones fundamentales para la vida. 

Las microalgas son microorganismos eucariotas (que tienen núcleo verdadero), y fotosintéticos (es decir, que son capaces de elaborar su propio alimento). 

Son muy eficientes en la fijación de dióxido de carbono (CO2) y uso de la energía solar para producir biomasa. 


Son ubícuos, es decir, los encontramos en todos los cuerpos de agua, lagos, ríos, mares, y en el suelo aún en condiciones extremas. Y poseen gran diversidad taxonómica. Sus requerimientos nutricionales son CO2, nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio y otros metales que actúan como cofactores  enzimáticos. 

En Nuestro País las están estudiando para optimizarlas como recurso en alimentación humana, producción de pigmentos naturales, elaboración de alimentos funcionales, depuración de aguas residuales y reducción de CO2

En la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en su sede Trelew, funciona desde 1997, el Laboratorio de Microalgas. 

El proyecto del laboratorio “Producción de alimento vivo, en etapa experimental, para acuicultura” se desarrolla en las instalaciones del Instituto Provincial de Investigaciones de los Recursos del Mar, en Playa Unión, Rawson, dentro del marco de la convocatoria de la secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva del Chubut. 

Desde 2014 estudian además, “Procesos biotecnológicos para la producción de microalgas: Evaluación de prototipos para cultivo, concentración y cosecha de microalgas”. 

“Ya se avanzó en la construcción de una pileta de 1.000 litros en instalaciones del INTI y se están realizando los primeros cultivos masivos de microalgas con su posterior cosecha” indicó la profesora Isabel Albarracín. 

Otro tema de investigación es: “Optimización de condiciones de producción biomasa  microalgas para aplicaciones biotecnológicas”,  en el marco del plan estratégico de Cooperación Internacional y de Intercambio Académico entre nuestra Universidad, la Facultad Regional Buenos Aires de la Universidad Tecnológica Nacional y la Universidad de Antioquia, Colombia; para lo cual están previstos encuentros en el transcurso de este año con las tres instituciones en Buenos Aires y en Colombia. 

“Dado que nuestro laboratorio pertenece a la Red de Microalgas de Argentina -informó Albarracín- participamos en el mes de abril 2015, de la 1° Jornada de trabajo sobre Microalgas: Industria-Academia- Gobierno. Agregado de Valor, Energía y Remediación; organizada por el ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación”. 

En ella  la Unión de Industriales para el Saneamiento de la Cuenca Matanza-Riachuelo y Reconquista, expuso la problemática a la que muchas empresas se enfrentan en el tratamiento de los efluentes que generan. 


Representantes de la Red de Microalgas describieron las ventajas de la utilización de esta tecnología en el tratamiento de efluentes que por otra parte genera energía, aceite para biodiesel y/o biomasa para generación de biogás, fertilizantes y moléculas con alto valor que pueden ser utilizadas en otras industrias.

“Son auspiciosas las perspectivas dado que las actividades de investigación básica, desarrollo y mejoras productivas en estas áreas son apoyadas con financiamiento del ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, el ministerio de Agricultura Ganadería y Pesca y el Banco de Inversión y Comercio Exterior”, señaló. 

El equipo del Laboratorio de Microalgas está actualmente integrado por Marcela Cravero, Ruth Salomón, Gabriela Pío, Silvana D’Amico, Daiana Obholz y Carlos Moreira, y los alumnos Daniela García, Ariel Parra, Jéssica González y Maximiliano Silva. 


Entre los estudios realizados es de destacar el diseño y desarrollo de técnicas de cultivo para la producción de microalgas destinadas a la alimentación humana, elaboración de piensos animales y dietas para la acuicultura, ya que estos microorganismos son esenciales en las primeras fases de desarrollo de la mayoría de especies acuáticas. 


Además,  la producción de pigmentos naturales que se utilizan en la elaboración de alimentos funcionales. En este sentido, Albarracín indica que “en los últimos años las microalgas son consideradas como la principal fuente natural de ciertos pigmentos altamente demandados en el mercado internacional, como el β-caroteno y la astaxantina sugeridos en la prevención de ciertas enfermedades”. 

También las microalgas tienen gran importancia en la depuración de aguas residuales y en la reducción de CO2 atmosférico, principal responsable del efecto invernadero. Son reconocidas además como productoras de energía para la obtención de biocombustibles, biogás e hidrógeno. 




Existen especies que presentan ventajas sobre las plantas terrestres dado su potencial reproductivo, pueden cultivarse en altas densidades en superficies no aptas para uso agrícola, no necesitan de agua dulce y algunas pueden crecer incluso en aguas residuales.

El Laboratorio tiene como objetivos generales el aislamiento, identificación, caracterización, conservación y provisión de microalgas.

 Posee una colección de 70 cepas entre especies marinas, continentales y cianobacterias, entre las que se han identificado variedades de interés biotecnológico. “Es muy importante el potencial de aplicación que posee la colección en los campos de alimentación humana y animal, sustancias bioactivas, cosmética y biocombustibles” señala la profesora Isabel Albarracín. 

El Laboratorio presta servicios para facilitar el desarrollo de nuevos sectores bioindustriales basados en el cultivo y sus aplicaciones. 

“En cualquier aplicación biotecnológica se requiere contar con especies que sean altamente productivas, lo que significa alto contenido de los compuestos de interés y alta tasa de crecimiento. Por lo que la selección de las cepas adecuadas constituye la primera fase que se debe tener en cuenta en cualquier desarrollo bioindustrial” explica la especialista. 

Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco-Facultad de Ciencias Naturales - Sede Trelew-Junio 2015

jueves, 21 de enero de 2016

DICEN QUE DICEN

CÓMO LEEMOS????

La forma de comunicación escrita ha variado mucho desde sus inicios. 

Desde las primitivas imprentas hasta los textos digitales nos fuimos adaptando a las nuevas tecnologías. 


Un estudio analiza la modificación en los formatos y  prácticas de lectura. 

Investigadores de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora analizan  esa evolución. “En el libro impreso tenemos un texto estático, es el lector quien avanza según su atención o comprensión” indica la investigadora Mercedes Rodríguez Temperley, y agrega: “En los textos digitales, esa lectura se hace a los saltos, debido a la presencia del hipertexto”. 

Para realizar el estudio “Nos basamos en la historia del libro desde su materialidad, desde sus soportes y analizamos cómo esa materialidad afecta los textos o su transmisión, cómo los formatos o soportes cambian los significados”, explicó la directora del proyecto de la cátedra de Literatura Española III, Rodríguez Temperley. 

El proyecto nace con el nombre “Del códice medieval al hipertexto: Rupturas y nuevos retos en la era digital”


Está dividido en dos partes, una teórica, donde se analiza la historia del libro desde su nacimiento, la evolución de su soporte y cómo ese proceso afecta el significado de aquellos que consumen su mensaje. 

La otra parte se enfoca hacia la práctica, para lo cual se ha emprendido la catalogación, estudio y puesta en valor de la Colección Cervantina que se encuentra en la Biblioteca Bartolomé Ronco, en la ciudad bonaerense de Azul, una de las más grandes bibliotecas cervantinas de América Latina, donde se guardan ediciones de “El Quijote…” y otras obras de Cervantes que datan del siglo XVII. 

Rodriguez Temperley explica que “en la tradición occidental existen varios tipos de soportes textuales ligados a diferentes momentos: el texto antiguo (ligado a la materialidad del rollo de papiro), el texto medieval (ligado a la materialidad del códice manuscrito), el texto moderno (ligado a la materialidad del libro impreso), hasta llegar a un cuarto momento posmoderno donde se destacan los soportes digitales y la aparición del hipertexto” y agrega: “La idea de hipertexto se genera en la década del ‘60, cuando surge un tipo de escritura o lectura no secuencial, la cual rompe con la idea de lectura jerarquizada que ha primado en los textos escritos”. 

El otro punto que se analiza en el estudio son las prácticas de lectura y cómo éstas evolucionan con los cambios en los formatos que respaldan las obras, ya sea en pantalla o en papel. 

“Los modos de lectura cambian con el tiempo, la lectura en una pantalla o en un texto impreso son distintas, podemos estar frente a las mismas palabras que conforman el texto, pero el proceso por el cual se crea el significado cambia”, resalta la investigadora. 

Y añade: “En el libro impreso tenemos un texto estático, es el lector quien avanza según su atención o comprensión, hace pausas, es un ritmo de lectura variable; en los textos digitales, en cambio, esa lectura se hace a los saltos, debido a la presencia del hipertexto: el lector lee un segmento, y de pronto aparece un hipervínculo que lo lleva a otro segmento diferente, fuera del texto, a otra interpretación, a otra información, y esa lo lleva a otra, por lo cual la atención está más dispersa y la lectura jerarquizada se quiebra, se hace discontinua”. 

En ese sentido, sostiene que “hay quienes piensan que el lector cibernético está obligado a cooperar más que uno de un texto tradicional, por el otro lado, también hay quienes advierten una especie de juego, un ánimo lúdico, donde la llave no la tiene el lector, sino el autor de ese texto, quien se identifica más con un programador de un juego, del juego de la lectura”. 

La investigación, que comenzó en el año 2014, tiene también como objetivo “entender los códices medievales y cómo ese formato pudo sobrevivir al paso del tiempo, a través de emulaciones, como por ejemplo, el caso del ‘Libro rojo’ de Jung, o el original manuscrito del ‘Alicia en el País de las Maravillas’, de Carroll”.

En ellos la caligrafía, las letras capitulares, las rúbricas y la puesta en página, entre otras prácticas, manifiestan cierta idea de “proto-libro” asociada al códice medieval.  
A través de la catalogación y estudio de los libros antiguos que hay en bibliotecas del país, se busca colaborar en la difusión del patrimonio bibliográfico argentino, para saber cuál es el lugar que tiene nuestro país en este campo.

Universidad Nacional de Lomas de Zamora-Facultad de Ciencias Sociales- Noviembre de 2015