jueves, 1 de diciembre de 2016

MICROORGANISMOS INDUSTRIALES

BÚSQUEDA ANTÁRTICA 

Mejorar la industria alimenticia es una tarea laboriosa, que no tiene fin. 



Las enzimas colaboran en la elaboración y resultado final de nuevos alimentos. 

Investigadores de la facultad de la Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), realizan expediciones a la Antártida

Los científicos se enfocan en la búsqueda de microorganismos activos a bajas temperaturas con interés biotecnológico. 

El proyecto, desarrollado por el equipo de biotecnología de enzimas del Centro de Investigación y Desarrollo en Fermentaciones Industriales (CINDEFI), dependiente de la facultad de Ciencias Exactas UNLP y del Conicet, está liderado por los bioquímicos Sebastián Cavalitto e Ivana Cavello. 

Cuenta  además, con la colaboración del laboratorio de Biotecnología de la cátedra de Microbiología de la Universidad de la República, de Montevideo (Uruguay), equipo conformado por Silvana Vero y Gabriela Garmendia. La campaña contó con el financiamiento y la logística del Instituto Antártico Uruguayo. 

Los científicos salen a “cazar” organismos microscópicos capaces de producir enzimas para uso en la industria alimenticia. El paisaje hostil y las temperaturas extremas bajo cero hacen que la tarea sea más desafiante. 

Por medio de la biotecnología, los investigadores se ocupan de la búsqueda de microorganismos que puedan producir enzimas novedosas, desde el punto de vista de su actividad o de su capacidad de resistir condiciones de trabajo específicas. 


Este trabajo, que lleva algunos años, se realiza en zonas donde las condiciones de vida son muy extremas: mucho frío (regiones antárticas), mucho calor (zonas termales), altas presiones (fosas marinas), alta exposición a la luz UV (la Puna) o de mucha acidez (regiones volcánicas). 

La idea es encontrar microorganismos que viven en condiciones extremas, suponiendo que sus enzimas funcionarán también de forma eficiente, en esas condiciones. 
Fin de la Campaña 2014

En 2014, los investigadores de la UNLP, recogieron muestras en la Antártida y lograron seleccionar una levadura con la capacidad de producir enzimas que hacen posible la clarificación del jugo de manzana en pocas horas, logrando un producto final de color homogéneo. 

Con el  éxito de la primera expedición, los científicos de la UNLP obtuvieron el financiamiento para un nuevo proyecto, titulado “Bioprospección de enzimas microbianas activas a bajas temperaturas con aplicación industrial”. 

En el otoño de este año, el grupo volvió al continente antártico para hacer un nuevo muestreo en distintos lugares de la Isla 25 de Mayo (Isla Rey Jorge), en las Shetland del Sur. El desafío es hallar microorganismos aptos para producir enzimas (pectinasas, celulasas, amilasas y arabino hidrolasas) activas a bajas temperaturas para su uso en la producción de vinos, sidra y jugos de frutas. 

El doctor Cavalitto, explicó que “los microorganismos psicrófilos –amantes del frío– han desarrollado estrategias para poder mantenerse viables y activos en un clima tan hostil, tales como la síntesis de enzimas adaptadas a bajas temperaturas para poder mantener el metabolismo estable y funcional; poseer una composición diferente de ácidos grasos en la membrana y, sobre todo, poseer la capacidad de producir sustancias anticongelantes tales como glicoproteínas y glicerol, cuyo objetivo fundamental es minimizar la formación de núcleos de hielo en su interior”. 

Las enzimas son proteínas (verdaderos catalizadores biológicos), que aceleran las reacciones químicas. Si no existieran, esas reacciones ocurrirían igual, pero tardarían muchísimo tiempo, no siendo eficientes para el organismo. Son biocatalizadores que se encuentran en todos los seres vivos. Existen muchísimas y muy variadas, para cada reacción químico-biológica hay una enzima (catalizador) específica. 

Algunas enzimas se utilizan en la industria para fines tan diversos como tiernizar carnes, clarificar jugos, producir edulcorantes o como aditivos de los detergentes para lavar la ropa. Las enzimas y demás proteínas que sintetizan estos microorganismos, son funcionales en condiciones de muy baja temperatura, y muestran características únicas. Poseen “una termoestabilidad elevada y  son resistentes a agentes desnaturalizantes tales como detergentes, solventes orgánicos y a pH extremos”, detalló el bioquímico. 

La doctora Ivana Cavello, integrante de la dotación científica que viajó en la última campaña, remarcó que “sumado a estas atractivas particularidades, la posibilidad de producirlas, cultivando los microorganismos a temperaturas cercanas al ambiente, genera una importante disminución en los costos, ya que no hay que calentar los cultivos para mantener la temperatura en los 30-37ºC típicos de los microorganismos mesófilos”. 


La expedición, que estuvo presente en la Antártida durante la campaña Antarkos XXXII, en abril y mayo de este año, logró tomar muestras en lugares donde no había sido posible hacerlo en viajes anteriores. 

En esta campaña se accedió a las zonas ASPA (Antarctic Specially Protected Areas) 125. Las zonas ASPA son muy interesantes para la toma de muestras con fines biotecnológicos, y también uno de los lugares de la Antártida de mayor interés paleontológico. Otra parte de la expedición se encargó de este tema. 

Allí se han encontrado afloramientos con restos fósiles de una amplia gama de organismos, incluyendo icnitas de vertebrados e invertebrados y abundante flora con impresiones de hojas. También se hallan troncos, granos de polen y esporas que datan de finales del Cretácico al período Eoceno. 

Los investigadores se concentran ahora en aislar todos los microorganismos que sean posibles (bacterias y levaduras) para identificarlos y caracterizarlos por sus “pooles” enzimáticos. 


De ahora en adelante, se profundizará el estudio de los microorganismos de interés que sean más eficientes, para evaluar la producción de las enzimas industriales más convenientes a los fines propuestos. 



UNLP -Facultad de Ciencias Exactas- Octubre de 2016 

jueves, 24 de noviembre de 2016

SALTOS DEL MOCONÁ

SECRETOS REVELADOS 

El Río Uruguay esconde sus secretos. 

Ante tal belleza natural, descubrirlos se hace casi profano. 



Geólogos de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y del Conicet, detectaron la existencia de un canal excavado en el cauce del río Uruguay, en la frontera Argentina – Brasil. Se cree que es un cañón natural labrado en algún período anterior al actual y que se mantiene limpio. Permite el acceso de barcos de ultramar hasta la latitud de Fray Bentos-Gualeguaychú. 


Los investigadores detectaron una fisura desconocida en el lecho fluvial. También lo hicieron los técnicos que estudian la geología e impacto ambiental de la represa Garabí-Panambí. 


Daniela Kröhling y Martín Iriondo, investigadores del Conicet y de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH) de la UNL, por medio de estudios geomorfológicos y batimétricos realizaron un mapa 3D, que da algunos indicios de su estructura. El proyecto es financiado por la UNL, y se realiza desde hace algunos años. El canal menor forma los Saltos del Moconá.  


“A medida que avanzábamos en la investigación, observamos que el cauce del Uruguay no tiene una morfología típica, sino que presenta un cañón o canal estrecho excavado en su lecho rocoso, que es casi continuo y está permanentemente sumergido aún en aguas bajas. Se trata de una característica bastante rara, con muy escasos registros en la bibliografía internacional. Esto motivó el interés de especialistas internacionales a presentar los primeros resultados en congresos en el extranjero”, indicó Kröhling

El cauce en la meseta basáltica misionera es de gran interés para la geomorfología, (que se encarga del estudio del paisaje),la dinámica fluvial, las modificaciones de los cauces a lo largo del tiempo y los comportamientos futuros ante cambios climáticos, con posibles variaciones en el nivel del mar. 


"Esto es poco conocido a nivel internacional, ni en relación a otros ríos del mundo. Desde hace años que hacemos este estudio, particularmente en Misiones, analizando la evolución del paisaje de toda la Meseta Basáltica Paranaense que se extiende desde el sur de Brasil y hasta el noroeste de Uruguay", explicó la directora del proyecto.

La cuenca del rio Uruguay  abarca 360 mil kilómetros cuadrados, nace en el sudeste de Brasil, bordea las provincias de Misiones, Corrientes, Entre Ríos y desemboca en el Río de la Plata. 

"La mayor parte de las pendientes que limitan los saltos en el área de Moconá, corresponden a la parte superior de los taludes, que tienen varias decenas de metros de profundidad", indicó la especialista.

Los trabajos del equipo se iniciaron en Misiones, en la frontera Argentina-Brasil. En primer lugar se estudió la zona de San Javier y la de los Saltos del Moconá. 

Ya teníamos referencias del cañón a partir de un análisis que hicimos sobre trabajos previos en el río Uruguay vinculadas a obras viales o presas. Entonces, integrando todas las zonas donde se ve dicha geoforma, deducimos una continuidad del cañón cercana a mil kilómetros de longitud”, apuntó la geóloga. 


“Los ríos tienden a nivelar o rellenar las depresiones con sus propios depósitos, sobre todo en el tramo inferior, donde llega al Uruguay una carga de arenas importante que aporta el rio Ibicuy, una cuenca afluente del sur de Brasil. Sin embargo, la presencia del cañón se mantiene aún en el tramo inferior”, aclaró Kröhling. 


La investigadora precisó que entre las desembocaduras de los arroyos Pepirí Guazú y Yabotí (Misiones), el río Uruguay atraviesa un bloque elevado por tectónica, lo que produce la emersión del lecho ordinario durante aguas bajas. En esas condiciones, el agua cae desde el lecho al fondo del cañón a lo largo de casi tres kilómetros. 

Imagen obtenida del Sonar Batimétrico
Este fenómeno constituye los Saltos del Moconá o Yucumá (en Brasil), conocido por ser uno de los únicos sistemas escénicos de cascadas longitudinales en el mundo. Alcanzan 10-12 metros de altura en los períodos normales y la mayor parte de la descarga fluvial ocupa el canal interno. Además, sufren grandes variaciones en altura, incluso desaparecen durante las crecidas ordinarias del río. Observaciones realizadas en la última década atribuyen una altura máxima de los saltos de veinte metros en 1999”, narró. 

“Existen saltos hidráulicos y zonas de surgencia de agua en relación a la aparición de estructuras turbulentas que alteran la superficie del flujo. Éstos generan abrasión, excavación y desplome de los bloques de roca del lecho. Además, las variaciones en el ancho del cauce, la profundidad y la pendiente de éste producen diferencias en el flujo de energía y originan surcos longitudinales, marmitas, canales interiores, rápidos, saltos de agua y piletones”, continuó Kröhling. 

Imagen batimétrica del cañón
La traza del cañón está representada por fracturas de la roca. El relevamiento batimétrico de detalle del cañón, desde una embarcación semi-rígida en una region longitudinal continua de 60 km entre el Moconá y la localidad de El Soberbio (Misiones), constituye la primera fuente de datos existente del lugar. 

“Mediante el uso del sistema de los Sonares Batimétricos por Medición de Fase se obtuvieron mapas digitales. Los resultados revelaron la naturaleza 3D del cañón inmediatamente aguas abajo del Moconá, aunque en el área de los saltos la altísima turbulencia impidió el registro de datos confiables. En general, el cañón en el segmento relevado ocupa 1/3 a 1/10 del ancho del cauce y está excavado entre 6 a 22 m en el cauce (que tiene dos a tres metros de profundidad), limitado por taludes definidos, rectos a ondulados”, comentó la investigadora. 

"En segmentos de 1,5 a 4 km de largo, las profundidades del cañón oscilan entre 24 y 32 m, con 50 a 100 m de ancho, limitado por paredes casi verticales. También se detectaron hoyas sumergidas asociadas a él (de 100 a 350 m de longitud y profundidades entre 32 y 47 m), algunas de ellas indican la posición de cataratas subfluviales. El cañón es una parte activa de la dinámica fluvial actual”, prosiguió Kröhling. 

El Sonar Batimétrico utilizado constituye un equipamiento de última generación perteneciente al Instituto Argentino de Oceanografía (IADO - Conicet-UNS), ubicado en Bahía Blanca. 

Los investigadores Eduardo Gómez, especialista en geomorfología y sedimentología submarina, y el técnico Ariel Raniolo destacaron que un cañón tan profundo sólo puede explicarse por la alta turbulencia de la corriente, que hace que la erosión se mantenga. “Muchos especialistas dicen que este fenómeno no es posible. Sin embargo, está allí”, declaró Iriondo. 

“Hicimos un mapeo del fondo, que nos marca la existencia de un cauce menor erosionando el cauce general del río Uruguay. Incluso, en su tramo inferior alcanza cotas por debajo del nivel del mar, lo que indica que se trata de un cañón natural que se mantiene limpio y que permite el acceso de barcos de ultramar hasta la latitud de Fray Bentos-Gualeguaychú. A la vez, estudios batimétricos utilizados para construir la represa de Salto Grande mostraron un canal menor de alta profundidad en el lecho, que incluso se llega a deducir en imágenes de Google Earth”, enfatizó Iriondo. 

La información recolectada, junto con la obtenida en el estudio del paisaje de la meseta misionera y la evolución de la red fluvial, será publicada en revistas internacionales y transmitida a las administraciones de Parques Nacionales y Provinciales de la región. 



UNL-FICH- Octubre 2016  

jueves, 17 de noviembre de 2016

CELULAS PARA INVESTIGAR ENFERMEDADES

ENSAYOS CON  LINEAS CELULARES 

La investigación de enfermedades se ha valido desde sus inicios de la experimentación en animales, para luego interpolarlos en los humanos. Estas prácticas, muchas veces cruentas para los animales de experimentación, han sido ampliamente criticadas por diversas organizaciones. 


La biotecnología nos provee de recursos que suplen esta metodología, con la manipulación de las líneas celulares. Esta opción resulta una excelente posibilidad para que salgan al mercado nuevos medicamentos en forma más rápida y segura. 

Clarisa Salado es bioquímica egresada de la Universidad Nacional de Tucumán y doctorada en España. Montó una empresa biotecnológica en ese país, donde se modifican genéticamente células. Su producción se orienta a enfermedades como el Parkinson y el Alzheimer. La firma, denominada InnoProt, está radicada en Bilbao; y es un desprendimiento de la Universidad del País Vasco. 

La doctora Salado explica: “Mediante el uso de células, mimetizamos enfermedades para que la industria farmacéutica las utilice y pueda descubrir nuevas terapias”

Los familiares de personas que sufren Parkinson, Alzheimer o cáncer sueñan cada día, con la renovada esperanza de que salga finalmente un nuevo fármaco que mejore la calidad de vida de sus seres queridos, calme sus dolores y, si es posible, los cure. 


La industria farmacéutica no avanza tan rápido como se espera. Es de vital importancia que los laboratorios farmacológicos cuenten con la mayor cantidad y calidad posible de suministros, que acorten y hagan eficientes los plazos que van desde el inicio de una investigación hasta la salida de un nuevo producto. 

El uso de líneas celulares se torna fundamental en muchas investigaciones científicas. Tienen el objetivo de mejorar la salud y conocer en profundidad el funcionamiento de los sistemas del cuerpo humano. 

Las líneas (o cultivos) celulares provienen de un cultivo primario y tienen las mismas características que el tejido de origen. Han demostrado posibilidades de ser subcultivadas in vitro por lo menos 70 veces indefinidamente. 

La llegada de un nuevo medicamento a las farmacias, puede implicar más de una década de pruebas. Tener a disposición un banco de células resulta de vital importancia para acortar ese plazo. 

InnoProt provee, además de estas células modificadas genéticamente, de otras extraídas directamente de órganos de animales y de biopsias humanas, y aporta células madre adultas. 


Son herramientas importantes para los laboratorios y las farmacéuticas, posibilitando que se aceleren las etapas de investigación, que llevan a que se lance al mercado un nuevo medicamento. 

En su paso por Tucumán, a fines de agosto pasado, la doctora Salado expresó: “InnoProt significa Innovación en Proteínas. Aunque se llame así, en realidad es una empresa que se dedica a desarrollar líneas celulares para la investigación farmacéutica. Mediante el uso de células, mimetizamos enfermedades para que la industria farmacéutica utilice estas células y pueda descubrir nuevas terapias”. 


Línea celular- Células HeLa,
obtenidas a partir de células de cáncer de útero
de Henriquetta Lacks, fallecida en 1951.
Aún se mantienen vivas
Células HeLa, teñidas
con anticuerpos de actina( verde),
vimentin (rojo) y DNA (azul)
“Tenemos dos tipos de células: las que denominamos “cultivos inmortalizados”, que son células que se modifican genéticamente para tratar de reproducir in vitro, a nivel celular, lo que pasaría, por ejemplo, en un enfermo con Alzheimer o con Parkinson”, agregó la bioquímica tucumana. 

“Además tenemos otro tipo de células, que llamamos “cultivos primarios”, que utilizamos sobre todo para temas de toxicologia, y que son cultivos que se extraen directamente de los órganos, ya sea de animales –como ratas, ratones o monos– o, en algunos casos, de biopsias de pacientes, con el debido consentimiento, por supuesto”, completó la científica. 

“Nos hemos especializado mucho en enfermedades neurodegenerativas –como el Alzhéimer y el Parkinson– y en cáncer. Pero también tenemos algunos modelos un poco más aislados, para cardiopatías, para enfermedades del Sistema Nervioso Central (SNC), que no son neurodegenerativas, como por ejemplo, infarto cerebral”, agregó Salado. 

“También tenemos una línea de células madre adultas, porque se tiene una gran expectativa de futuro en distintas áreas, para utilizar como terapia celular. Pensamos que pueden tener una gran aplicación en diversas enfermedades”, explica la investigadora. 

El proceso de desarrollo de un fármaco lleva como mínimo diez años. Con estas células modificadas se ahorra tiempo y dinero en las primeras fases, y ese período se acorta. Las patentes duran alrededor de veinte años, a la industria farmacéutica le interesallegar cuanto antes con el producto al mercado para poder disfrutar de la patente por mayor tiempo. 

La doctora Salado se inició trabajando en Microbiología de los Alimentos, que tiene poca relación con su ocupación en la actualidad. Sí se relaciona con la vocación por hacer investigación aplicable a la industria. 

“Mi mentor ha sido el doctor Guillermo Oliver (fallecido en 2013, fue el creador de la leche Bio, leche con agregado de cultivos probióticos desarrollada por el CERELA) y todo el mundo conoce su relación con la industria. Yo también quería hacer algo así. No lo hice en el ámbito de los alimentos, sino en el de la salud y en otro tipo de industria”, comenta Salado. 


“Desarrollamos células que, por ejemplo, se parecen a la neurona de una persona con Alzhéimer; entonces a esa neurona se le echa el futuro fármaco y de ese modo se puede observar cómo se comporta, si responde bien, si la enfermedad retrocede, etcétera. Siempre se tiene que empezar por algo pequeño, pero complejo y con mucha información, como la célula, que tiene que ver con lo que pasa en un organismo entero”, explica la investigadora


En nuestro país, “se hace buena investigación y muchos grupos están haciendo cosas interesantes. Tener acceso a cultivos celulares les sería muy útil para mejorar la investigación que hacen, para probar los resultados que tienen y luego eso podría transferirse mejor a la industria. Sería muy interesante que aquí pudiera haber una unidad o una plataforma de cultivos celulares, capaz de brindar esos servicios a los grupos de investigación de la Provincia”, finaliza la doctora Salado. 

En centros de investigación como la FIL (Fundación Instituto Leloir) y el Laboratorio de Oncología Molecular de la UNQ (Universidad Nacional de Quilmes), se utilizan líneas celulares desde hace más de una década, con fines de estudio.

Universidad Nacional de Tucumán- Octubre de 2016

jueves, 10 de noviembre de 2016

ESTRATEGIAS ANTE EL CAMBIO CLIMATICO

TIEMPO LOCO!!
Y AHORA QUE HACEMOS???? 

El cambio en nuestro clima es innegable. 

Fuertes tormentas…, cambios bruscos de temperatura…, vientos huracanados…,  ya no son presagios ni vaticinios de pronósticos a largo plazo. Están instalados en nuestro territorio y en cada uno de nuestros días. 

En la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigadores de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU), estudian las características de los espacios costeros. Buscan establecer diagnósticos y estrategias para afrontar los eventos inminentes. 

El diagnóstico se basa en la forma de ocupación del espacio, las actividades económicas, los usos urbanos y su impacto ambiental. También evalúan las políticas públicas, la gestión, y los recursos financieros y técnicos disponibles. 


El Centro de Investigaciones en Gestión de Espacios Costeros (GEC), que pertenece a la FADU, estudia el crecimiento de las ciudades costeras y sus relaciones con la ecología de la región. De esta manera se proporciona una base científica para planificar y realizar una gestión ambiental sustentable, en los distintos escenarios de cambio climático. 

José R. Dadon, es doctor en Ciencias Biológicas, investigador del Conicet y profesor de la UBA. Encabeza el grupo de investigadores del GEC, que ya brindó asesoramiento a la secretaría de Turismo y a la secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, y a las secretarías de Turismo y de Política Ambiental de la provincia de Buenos Aires, entre otros organismos. 

"Las áreas técnicas y de gestión de los niveles municipal, provincial y nacional relacionadas con Planeamiento Urbano, Ordenamiento Territorial, Ambiente y Desarrollo Sustentable, son las destinatarias del proyecto", informa el doctor Dadon. 
Los beneficios son importantes para la población. 

"Los estudios incluyen el uso de sistemas geográficos de información (SIG), el análisis de información remota (imágenes satelitales, fotografías aéreas), la utilización de métodos estadísticos uni y multivariados, el relevamiento de datos sobre la edificación y su estado de conservación, las estrategias arquitectónicas, la trama urbana, el paisaje, el verde urbano, la estructura administrativa y la normativa específica relacionada con la zona costera", explica el biólogo.

"Los resultados de las investigaciones,  son transferidos de manera directa mediante convenios específicos, especialmente pensados para una situación concreta, a través de informes técnicos, mesas de trabajo, talleres y cursos de capacitación; y de manera indirecta, a través publicaciones en revistas nacionales e internacionales", comenta el investigador.


"Se produce así, el diagnóstico integrado de los modos de ocupación del espacio, de las actividades económicas, de los usos urbanos y del impacto ambiental", aclara Dadon

"Las políticas públicas, la normativa aplicable, las instituciones implicadas, los instrumentos de gestión, y los recursos financieros y técnicos disponibles se analizan desde un marco conceptual y metodológico basado en la Gestión Integrada de la Zona Costera, la Gestión de Riesgos y el Ordenamiento Ambiental del territorio", completa el científico.

La planificación del desarrollo local se enriquece con los resultados de este estudio. 

Con ellos, incorporados a una plataforma GIS, (que es un Sistema de Integración Geográfica, por sus siglas en inglés, que permite organizar, almacenar y manipular datos recopilados, para realizar modelos, mapas, compartir  y analizar información geográficamente referenciada en investigación científica), se discuten en mesas de trabajo constituidas por funcionarios de diferentes dependencias y niveles administrativos. 

"De esta forma se formulan estrategias de atenuación de impactos negativos, gestión integrada de la zona costera y adaptación a los cambios producidos", aclara Dadon. 


Esta línea de trabajo iniciada en 2015 recibe financiación de la Universidad de Buenos Aires a través el Proyecto UBACyT llamado “Sustentabilidad Ambiental, Gestión Costera y Estrategias de Adaptación al Cambio Climático en Urbanizaciones Costeras” y del Proyecto de Desarrollo Estratégico “Estrategias Locales de Adaptación al Cambio Climático en la Región Metropolitana de Buenos Aires”, en el marco de la Estrategia Nacional en Cambio Climático. 

Según estudios de Cambio Climático y el Aumento del Nivel del Mar, en el informe Sistemas Costeros, Impactos y estrategias de adaptación”, realizado por Graciela Magrin, del INTA-Argentina y Lideresa para Latinoamérica (IPCC), 
"los principales impactos son:
• Inundaciones,
• Desplazamiento de poblaciones,
• Salinización de las áreas bajas afectando las fuentes de agua potable,
• Cambio del régimen de tormentas costeras,
• Aumento de erosión y cambio de la morfología costera,
• Interrupción del acceso a sectores de pesca,
• Pérdida de biodiversidad (incluyendo manglares, bosques
acuáticos con variada biodiversidad),
• Salinización y sobreexplotación de los recursos hídricos (también de las napas) y
• Contaminación y acidificación del agua de mar (ambientes marinos y costeros)". 
Manglar con su rica biodiversidad

"En consecuencia se produce un gran impacto por concentración de actividades económicas, población e infraestructura en áreas costeras", informa Magrin.

Asimismo, diferentes agrupaciones ambientalistas consideran que desde el advenimiento de la revolución industrial, nos encontramos frente a la mayor amenaza medioambiental a la que se enfrenta el planeta. 

La distorsión en el sistema climático global, sería causado por la quema de combustibles fósiles, que generan los gases de efecto invernadero (CO2, H2O, etc.) liberados a la atmósfera y aumentando la temperatura de la Tierra. 


El GEC- FADU invita a todos los municipios de la costa fluvial y marítima argentina a participar y/o adherir, comunicándose a la siguiente dirección: gec.fadu@gmail.com. Más información: www.municipioscosteros.org 

Universidad de Buenos Aires - GEC-FADU- Octubre de 2016